Despedida

 


Mujer, rosa lejana con alma de rocío

Éxtasis de la brisa sobre el perfume en vuelo

Tú, no serás nunca para mi sed de cielo

Como una orilla fértil para el amor de un río

Lejos de ti, es más noche la noche y el hastío

 Más hondo, tu equivoco anhelo de la vida

  Y sin embargo en tu ausencia tan temprana

Brilla mi sangre como el alba en hielo.


¿Por qué brilla una estrella dorada en tu vacío?

Si tu amor ya nunca sonreirá con mi amargura

Que no tendrá mi mente su cándida frescura

Ni manos piadosas bajo aquel cielo enemigo

Se que no estarás un día, mística flor de ensueño

Tu junto a mí en el alba, para velar mi sueño

No estarás junto a mí en la tarde, para llorar conmigo

Ni estarás en nuestro lecho para abrazarnos juntos.


¿Por qué en tu ausencia brillan los luceros?

¿Y por qué el alba amanece más dorada?

Será que acaso, se ha descubierto el velo

Que tu egoísmo y el mío taponaban

Cuando las noches se tornan largas, largas

Y en el insomnio me acuerdo de tus besos

 Me asomo absorto y noto en mi ventana

Que brillan mucho en tu ausencia los luceros.


Y cuando acaso el soliloquio me amilana

Y me amanezco extrañando tu regazo

Tu hermoso cuerpo majestuoso cual guirnalda

Con sus vaivenes cadenciosos en mi cama

Me llega el día y de nuevo me doy cuenta

De que la aurora amanece más dorada

Es pues, entonces que descubro el velo

Que tu egoísmo y el mío… Taponaba.

Domingo Ruficapilla

Septiembre 02 de 1998


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