Huye
Una niña sin manchas en la piel, en los ojos, en el alma…
Se filtró por las rendijas de un pasado sucio y tormentoso
Un pasado sin bondad, sin esperanza…
Sucedió como suceden las tragedias de la raza
Sucedió sin avisar, no golpeó puertas
Solo golpeó la dulzura, ingenua de la casta
De la casi santa niña que cayó bajo sus garras…
El no pudo contenerse,
La maldad disfrazada en santidad
Solo libido, le inspira en la criatura
Lo aleja… Lo transporta
Lo impregna, lo contagia
Como un virus que se arraiga
Enfermando la fuerza de su alma.
Él no quiere, el anhela
El no mide, él lo sabe
Ella, tampoco mide aquel alcance
Ella, quiere conocer
Tal vez no sabe que se quema
Que ya es hora de alejarse…
Huye, huye…
Huye virgen casta
Del placer libidinoso
Que ha de transformarse
En la sombra más tortuosa
Del hombre, que solo ha de enseñarte
La forma cadenciosa
De arrancar la inocencia a tus entrañas.
Huye, niña mujer, huye
Resguarda un poco más, tu ingenuidad
No olvides, sin embargo, casta niña
Que aquel que nada ofrece
Es tal vez, quien más te da
Que la vida es muy confusa, no es normal,
Pero no es vida la normalidad.
No te dejas atrapada en el deseo,
Con las ínfulas de un beso, que no ha sido
No apacigua, el fuego que provocas,
El tornado se vuelve realidad
No hay control, también es bello
Estropeamos la moral, ya no hay perdón
Ya no huyas, ya es muy tarde.
Domingo Ruficapilla
Julio 06 de 2010
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