Hiel Amarga
Te vas y dejas al partir
El aroma de la duda
No dejas cosas claras
Que eran nítidas ayer
No está claro el amor
Que fingías y decías sentir
¿Qué pasó con tu independencia?
¿Qué pasó con tu altivez?
¿Acaso te fallé?
¿Acaso te abandoné?
Acaso ya no te acuerdas
¿De que al mundo me enfrenté?
Vete,
Vete, pero recuerda
Que no seré ya más para tu sed de oro
Y cuando tu lecho con otro se revuelque
Con el ímpetu y la pasión que me fingiste
Solo recordaré,
Desde el sitio que permite mi sentir
La helada nostalgia que me atrofia
Al penetrar mi rabia entre tus témpanos de hielo
Besar las náuseas que salen de tu aliento
Y Sentir los gestos de desprecio
Que te horrorizan ante el hombre
Que en su lucha por arrancar una esperanza
Robó una hiel rota de tu sexo
Amarga, amarga, muy amarga
Eso fue,
Eso fue lo que inventó tu odio
Y eso fue lo que acepto mi ira
Sin embargo, repara el desconsuelo...
Saber siempre, que tú eras cosa cara
Sin aterrarte por esto que te digo
Solo te aterra sentir tu cobardía
Huye sin rumbo
Cual heroína yerta y seca, que después de una aventura
Pierde su rumbo y se ensaña,
Cosa curiosa, doblegada ante la vida
Tu ego es grande, dañino, peligroso
Te ciega y te empuja hacia un abismo.
Domingo Ruficapilla
Agosto 26 de 1995

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