De Ti
Viviré sin ti, en adelante
Testigo soy, no te rindes, no te caes
Inocente placentera y fuerte
Juegas con adversidades y galanes
Amores como el tuyo, no hacen daño
Aniquilan, exterminan, matan.
Jamás hallé a mi paso
Ni observé, en ningún misterio
Nada igual a tus ojazos negros
Ignoro aún, si al escapar al mundo
Abandonaste el cielo, cielo tuyo, que te pertenece
Reina del mundo y de mi mente.
Caíste en un rincón mundano
Como un tesoro que perdió Dios
Con dos luceros que alumbran todo
Son dos luceros de bendición
Todos admiran, nadie los toca
Que son sagrados, que son de Dios
Y ellos altivos en su hermosura
Se saben dignos de admiración
Pero un buen día, un vagabundo
Humildemente se arrodilló
Le pidió al cielo los dos luceros
Y el buen señor se los regaló.
Esos luceros chiquita mía
Son tus ojazos, yo los pedí
Y juré al cielo amarte siempre
Por ese premio que recibí
A ti te entrego la vida mía,
Tómala, es tuya, yo te la di
Que poco importa la vida mía
Si, al fin y al cabo, yo soy de ti
Cumpliendo al cielo lo prometido
Eternamente yo te amaré
Domingo Ruficapilla
Abril 27 de 2002

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